El vaso de expansión es el depósito translúcido del circuito de refrigeración. Cuando el líquido refrigerante se calienta, se dilata y parte del volumen sobrante entra en ese bote; al enfriar, el líquido regresa al circuito. Por eso también se llama depósito, botella o vaso de compensación.
En los coches actuales va aparte del radiador, con marcas de mínimo y máximo. En modelos muy antiguoss el nivel se veía en el propio radiador. El vaso deja comprobar el nivel de un vistazo y absorbe la presión extra que genera el calor del motor.
¿Para qué sirve en el circuito de refrigeración?
El motor necesita un caudal constante de refrigerante entre el bloque, el radiador y el termostato. Si no hubiera un volumen de compensación, la dilatación reventaría manguitos o juntas. El vaso da ese margen y mantiene el circuito cerrado, a la presión que marca el fabricante.
Al ser semitransparente, también es el testigo visual del sistema. Un nivel que baja entre dos revisiones señala fuga o consumo anómalo. Un nivel por encima del máximo sube la presión y puede abrir el tapón o fisurar el propio depósito.
Compensar la dilatación
El refrigerante aumenta de volumen al calentar y parte se evapora en el circuito. El vaso recoge ese excedente y lo devuelve cuando el motor se enfría, de modo que el radiador no trabaja ni vacío ni a una presión disparada. Sin ese colchón, las juntas sufren en cada ciclo de temperatura.
Ver el nivel de un vistazo
Las marcas MIN y MAX están pensadas para una comprobación en frío, con el coche en llano. Si el nivel queda corto, se rellena con el líquido del manual, nunca con un anticongelante cualquiera. Si hay que reponer a menudo, el problema no es el vaso: hay una fuga que hay que encontrar.
¿Qué hace el tapón y por qué es tan importante?
El tapón no es un simple roscado. Lleva una válvula tarada (en bares o kilopascales, grabados en la propia tapa) que sella el circuito respecto a la atmósfera y alivia presión si se pasa del valor de diseño. Gracias a esa presión el refrigerante hierve a más temperatura y el motor trabaja estable.
Si la válvula se queda pegada o pierde, el sistema o no alivia (manguitos hinchados, vaso fisurado) o no mantiene presión (el motor hierve antes). Un tapón nuevo cuesta poco y a veces resuelve pérdidas que parecían del depósito. Cámbialo si está oxidado, si el muelle no hace tope o si ves vapor constante por el rebosadero.
El tapón del vaso es una válvula de presión: si falla, el circuito o pierde hermeticidad o no alivia, y en ambos casos el motor se queda sin un refrigerante estable.
¿Cuándo hay que cambiar el depósito?
Un vaso en buen estado puede durar la vida del coche. Con los años el plástico se pone amarillo, se acartona y una sobrepresión puntual abre una fisura. Manchas de refrigerante en la base, olor dulce o un nivel que baja sin manguitos mojados son señales de que el depósito suda.
Sustituirlo es sencillo: dos tornillos o una brida y las abrazaderas de los manguitos. El recambio suele ir por unos 20 euros el vaso y unos 5 el tapón, más una mano de obra corta. Conviene aprovechar para renovar el refrigerante y purgar el circuito, no solo encajar un plástico nuevo.
Revisar el vaso de expansión al pasar por la gasolinera o al comprobar el aceite te adelanta fugas baratas de convertir. Un depósito entero y un tapón que sella son la parte más visible —y más fácil de vigilar— de todo el sistema de refrigeración.
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