El sobrecalentamiento del coche es una de las averías más temidas por cualquier conductor. Cuando el motor supera su temperatura óptima de funcionamiento, pueden producirse daños mecánicos muy costosos e incluso irreversibles. Aunque muchos conductores restan importancia a una ligera subida de temperatura, lo cierto es que ignorar esta señal puede terminar en una reparación de miles de euros.
El motor de un vehículo está diseñado para trabajar en torno a los 90ºC. Esta temperatura permite que el aceite lubrique correctamente y que las piezas internas funcionen con la expansión térmica prevista por el fabricante. El problema aparece cuando el sistema de refrigeración no es capaz de mantener ese equilibrio y el calor comienza a acumularse.
¿Por qué se produce el sobrecalentamiento del coche?
Falta de líquido refrigerante
El refrigerante es el encargado de absorber el calor del motor y transportarlo hasta el radiador para disiparlo. Si el nivel es bajo, el sistema pierde eficacia y la temperatura empieza a subir rápidamente. Las fugas en manguitos, abrazaderas o en el propio radiador son causas frecuentes de pérdida de líquido.
Radiador obstruido o deteriorado
Con el paso del tiempo, el radiador puede acumular suciedad, cal o residuos que reducen su capacidad de enfriamiento. Además, si presenta pequeñas fisuras, el refrigerante se escapará lentamente, generando un sobrecalentamiento progresivo.
Fallo en la bomba de agua
La bomba de agua impulsa el refrigerante a través del circuito. Si deja de funcionar correctamente por desgaste o rotura, el líquido no circula y el motor se recalienta en pocos minutos. Es una avería que no conviene ignorar.
Termostato defectuoso
El termostato regula el paso del refrigerante hacia el radiador. Si se queda cerrado, impide que el líquido fluya y provoca un aumento brusco de temperatura. Aunque es una pieza relativamente económica, su fallo puede desencadenar daños graves si no se sustituye a tiempo.
Problemas con el ventilador
El electroventilador ayuda a enfriar el radiador cuando el vehículo circula a baja velocidad o está detenido. Si no se activa en atascos o en condiciones de calor extremo, el motor puede entrar en zona roja con rapidez.
Nivel bajo o aceite incorrecto
El aceite no solo lubrica, también contribuye a disipar calor. Un nivel insuficiente o el uso de un aceite que no cumple las especificaciones del fabricante puede aumentar la fricción interna y favorecer el exceso de temperatura.

¿Qué hacer si el coche se sobrecalienta?
Si el indicador de temperatura marca valores peligrosos, lo primero es mantener la calma. Apagar el motor de golpe no siempre es la mejor solución, ya que el sistema puede quedar sometido a tensiones térmicas bruscas.
Reduce la velocidad de manera progresiva y apaga el aire acondicionado para disminuir la carga del motor. A continuación, abre las ventanillas y conecta la calefacción al máximo; aunque resulte incómodo, esta acción ayuda a extraer calor del sistema.
Busca un lugar seguro para detener el vehículo. Una vez parado, deja el contacto en posición de encendido durante unos minutos para que el ventilador continúe funcionando y facilite la bajada gradual de temperatura.
Nunca abras el tapón del vaso de expansión con el motor caliente. El sistema está presurizado y el vapor puede provocar quemaduras graves. Espera a que el motor se enfríe completamente antes de comprobar el nivel de refrigerante.
Si detectas una fuga visible bajo el coche, lo más recomendable es solicitar asistencia en carretera. Circular sin refrigerante puede causar un daño irreversible en cuestión de minutos.
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Daño en la junta de culata
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Deformación de la culata
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Gripado del motor
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Daños en componentes electrónicos
¿Cómo prevenir el sobrecalentamiento del coche?
La prevención es la herramienta más eficaz para evitar problemas de sobrecalentamiento y proteger el motor frente a averías graves. Un mantenimiento adecuado no solo prolonga la vida útil del vehículo, sino que también reduce considerablemente el riesgo de enfrentarse a reparaciones costosas e inesperadas.
Para ello, es fundamental revisar el nivel de refrigerante al menos una vez al mes y antes de realizar viajes largos. Mantener el líquido dentro de los valores recomendados garantiza que el sistema de refrigeración pueda disipar correctamente el calor generado por el motor. Además, conviene sustituir el refrigerante siguiendo las indicaciones del fabricante, que generalmente recomiendan hacerlo cada dos años o aproximadamente cada 40.000 kilómetros.
También es importante comprobar periódicamente el estado de los manguitos y conexiones del sistema, ya que con el paso del tiempo pueden aparecer grietas, endurecimientos o pequeñas fugas que afecten al rendimiento del circuito. Utilizar siempre el refrigerante recomendado por el fabricante es clave, puesto que no todos ofrecen las mismas propiedades ni protegen igual frente a la corrosión o las altas temperaturas.
Del mismo modo, respetar los intervalos de cambio de aceite ayuda a mantener una correcta lubricación y contribuye a la disipación térmica del motor. Evitar sobrecargar el vehículo en condiciones de calor extremo o someterlo a esfuerzos innecesarios también reduce el riesgo de que la temperatura se dispare.
Por último, conviene prestar atención a cualquier variación en la temperatura habitual del coche. Incluso un ligero incremento sostenido puede ser el primer indicio de que algo no funciona como debería. Detectar estos pequeños avisos a tiempo puede marcar la diferencia entre una simple revisión y una avería de gran envergadura.
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Testigo rojo de temperatura encendido en el cuadro.
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Aguja del indicador acercándose o superando la zona roja.
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Vapor saliendo del capó.
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Humo blanco por el tubo de escape.
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Pérdida notable de potencia.
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Olor a quemado en el habitáculo.
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Ruidos metálicos o golpeteos anormales.
La importancia del mantenimiento periódico
Muchos casos de sobrecalentamiento del coche se producen por descuidar revisiones básicas. Saltarse un mantenimiento para ahorrar dinero puede convertirse en un error muy caro a medio plazo. Inspeccionar periódicamente el sistema de refrigeración, la bomba de agua y el termostato permite detectar fallos antes de que se conviertan en una avería grave.
En definitiva, el sistema de refrigeración es vital para la salud del motor. Actuar con rapidez ante cualquier síntoma, realizar un mantenimiento adecuado y utilizar los líquidos correctos son claves para evitar daños mayores. Cuidar la temperatura del motor no solo prolonga la vida útil del vehículo, sino que también garantiza una conducción más segura y eficiente.
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