El sensor de lluvia activa automáticamente los limpiaparabrisas al detectar gotas en el parabrisas. Si deja de funcionar, puede provocar desde encendidos continuos sin lluvia hasta fallos totales cuando más lo necesitas. Un sensor averiado compromete la visibilidad y la seguridad en carretera, sobre todo en condiciones meteorológicas cambiantes. Identificar los síntomas a tiempo es clave para evitar riesgos innecesarios y asegurar una conducción cómoda y segura.
Principales síntomas de un sensor de lluvia averiado
Signos evidentes de fallo en el sensor
Un sensor de lluvia que no funciona correctamente puede provocar que los limpiaparabrisas se activen sin necesidad o, por el contrario, que no se activen cuando realmente está lloviendo. Esta irregularidad suele notarse en los primeros usos del sistema tras arrancar el vehículo.
También es frecuente que funcionen con velocidades inadecuadas o se detengan a mitad de recorrido. Estos errores, aparentemente menores, pueden distraer al conductor o dificultar la visibilidad durante la conducción, especialmente en momentos de lluvia intensa.
- Encendido sin lluvia
- No se activa bajo lluvia
- Velocidad errática
- Uso manual frecuente
- Fallo al limpiar luneta
Causas más frecuentes de esta avería
Una de las causas más habituales es la acumulación de suciedad o grasa en el parabrisas, justo donde va colocado el sensor. Esta obstrucción impide que detecte correctamente el agua, alterando su funcionamiento. Otra causa común es el fallo en el cableado o conector eléctrico que lo alimenta.
También puede producirse un fallo interno en el sensor, especialmente si ha sufrido humedad o un impacto tras cambiar el parabrisas. En todos los casos, lo ideal es realizar una revisión en taller antes de optar por su sustitución, que puede evitar gastos innecesarios.
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Motor del limpiaparabrisas averiado
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Síntoma: Las escobillas no se mueven o se quedan atascadas.
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Solución: Sustituir el motor o revisar la conexión eléctrica.
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Fusible fundido
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Síntoma: El sistema no responde al accionar el mando.
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Solución: Cambiar el fusible correspondiente en la caja de fusibles del coche.
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Escobillas desgastadas o rotas
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Síntoma: Limpieza deficiente, ruidos o saltos sobre el cristal.
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Solución: Sustituir las escobillas por unas nuevas compatibles.
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Conexiones eléctricas sueltas o corroídas
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Síntoma: Funcionamiento intermitente o errático.
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Solución: Revisar y limpiar las conexiones; asegurar los cables.
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Mando o interruptor defectuoso
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Síntoma: No se activan los limpiaparabrisas desde el volante.
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Solución: Sustituir el conmutador o reparar el mando.
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Problemas con el mecanismo o varillaje
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Síntoma: Las escobillas se mueven mal o no vuelven a su posición.
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Solución: Lubricar o cambiar el sistema de transmisión del movimiento.
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Tapa del compartimento del motor mal colocada
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Síntoma: Entrada de agua que puede afectar al sistema.
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Solución: Recolocar correctamente la tapa y revisar si ha dañado componentes.
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Acumulación de hielo o suciedad en el parabrisas
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Síntoma: Las escobillas no se mueven o se mueven a trompicones.
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Solución: Retirar manualmente el hielo/suciedad antes de activar los limpiaparabrisas.
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- Fallo en visibilidad bajo lluvia
- Conducción menos segura
- Activación incorrecta del sistema
- Distracción del conductor
- Aumento de desgaste en limpiaparabrisas
¿Cómo saber que no funciona correctamente?
Un indicio claro de mal funcionamiento es cuando el sistema de limpiaparabrisas no responde con lluvia o se activa en seco. Puedes comprobarlo echando agua sobre el parabrisas: si el sensor no reacciona, probablemente esté dañado.
Otra opción es llevar el coche al taller para hacer un diagnóstico electrónico. Los mecánicos podrán leer el error en el sistema y determinar si es necesario sustituir el componente o si basta con limpiarlo o reconectar cables. Actuar a tiempo evita averías mayores.
¿Cuánto cuesta la avería?
El coste depende del tipo de vehículo y del sensor. En modelos más modernos, el sensor de lluvia está integrado con otros sistemas electrónicos, lo que encarece su sustitución. De media, el precio oscila entre los 100 € y 300 €, incluyendo mano de obra.
En algunos casos no es necesario cambiar el sensor, sino simplemente limpiarlo o revisar el conector. Por eso es importante acudir primero a un diagnóstico profesional antes de tomar una decisión definitiva. Puede suponer un importante ahorro.