La somnolencia durante la conducción aparece sobre todo en los picos circadianos de madrugada (03:00–05:00) y primeras horas de la tarde (14:00–16:00). También surge tras dormir poco, acumular horas al volante sin pausas, circular por vías monótonas, con calor en el habitáculo, después de comidas copiosas o bajo el efecto de alcohol y fármacos sedantes.
Síntomas tempranos que avisan
Los signos iniciales suelen pasar desapercibidos. Identificarlos a tiempo evita la progresión hacia el microsueño.
- Pestañeo acelerado, pesadez de párpados y bostezos repetidos.
- Visión borrosa o dificultad para fijar la mirada.
- Cabeceos y pérdida momentánea del control de la trayectoria.
- Olvido de los últimos kilómetros y pequeñas desviaciones de carril.
El reloj biológico influye directamente en la capacidad de alerta y, en determinadas franjas del día, provoca una disminución significativa de la atención. Conducir durante la madrugada, especialmente entre las 03:00 y las 05:00 horas, conlleva un descenso máximo de la vigilancia que incrementa el riesgo de cabeceos y microsueños. Algo similar ocurre en la primera franja postprandial, entre las 14:00 y las 16:00, donde la somnolencia fisiológica puede dificultar la concentración al volante.
¿Qué hacer en el momento en que aparecen señales?
Cuando aparecen los primeros signos de somnolencia al volante, la única reacción correcta es detenerse de inmediato en un lugar seguro para evitar que la situación derive en un accidente grave. Lo recomendable es realizar una siesta corta de entre 15 y 20 minutos, sin prolongarla para evitar la inercia del sueño, y en algunos casos puede combinarse con un café solo como medida temporal. La marcha debe reanudarse únicamente si se ha recuperado por completo la sensación de alerta. Además, conviene mantener una rutina de paradas cada 2 horas o 200 kilómetros, aprovecharlas para estirarse y tener siempre identificadas áreas de descanso en la ruta junto con alternativas previstas en caso de necesidad.
Estrategias para prevenir la fatiga al volante
Planificación del viaje para evitar picos
Conducir en horas de baja alerta aumenta el riesgo de microsueños. Es mejor evitar salidas entre las 03:00–05:00 y 14:00–16:00, descansar bien la noche anterior y programar paradas. En rutas largas, conviene compartir el volante.
Ergonomía de cabina y ambiente térmico
Una cabina fresca y ventilada ayuda a mantenerse despierto. El flujo de aire en cara y manos activa la atención. La postura erguida y una buena regulación del asiento reducen la fatiga. Música moderada y charla ligera pueden acompañar sin distraer.
Alimentación e hidratación antes y durante
Las comidas copiosas favorecen la somnolencia. Lo ideal es fraccionar la ingesta y optar por alimentos ligeros. Beber agua en pequeñas cantidades mantiene la concentración. El alcohol debe evitarse por completo.
Tecnología y ayudas a la conducción
Las ADAS son un apoyo, no un sustituto del descanso. Alertas de carril, cámaras que detectan parpadeo y recordatorios de pausa ayudan a identificar la fatiga y reforzar la seguridad.
Recomendaciones específicas para profesionales
Los conductores profesionales necesitan pausas registradas y turnos planificados fuera de picos de sueño. El cribado de apnea y la formación en gestión del descanso son esenciales para reducir riesgos.
¿Es recomendable conducir de noche para evitar el cansancio?
Conducir de noche no es recomendable como estrategia para evitar el cansancio, ya que en esas horas el organismo entra en una fase de descenso natural de la alerta por los ritmos circadianos. Entre las 3 y las 5 de la madrugada se produce el pico máximo de somnolencia y la probabilidad de microsueños aumenta de forma considerable, incluso aunque se haya dormido bien previamente. La reducción de visibilidad, la menor estimulación en la carretera y el riesgo de fatiga (conoce todo acerca el sensor de fatiga del coche) acumulada convierten la conducción nocturna en un escenario de mayor peligro. Por eso, siempre resulta más seguro programar los viajes en horas diurnas y tras haber descansado lo suficiente, reservando la noche para dormir y recuperar energía.